Rafael de la Torre: “Los músicos somos terapeutas necesarios”

Rafael de la Torre es uno de los fundadores de la Nueva Trova cubana, junto con Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, entre otros. Con su inconfundible tonada caribeña, desliza: “Nosotros hacíamos canciones de amor, pero no se entendían”.

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En 1972, Cuba ya estaba acostumbrada al régimen comunista. Un grupo de jóvenes sentía la necesidad de expresarse a través de la música y de la poesía. Así, con solo 21 años, Rafael de la Torre se convirtió en uno de los fundadores de un movimiento que revolucionó la cultura cubana: la Nueva Trova.

Este movimiento mezcla diversos ritmos folclóricos en lo musical y es dueño de una poética de marcado compromiso social. “Nosotros hacíamos canciones de amor, pero éramos medio escabrosos desde la poesía”, comenta De la Torre.

Hoy, a sus 65 años, siempre con su guitarra en mano y cantando para ejemplificar sus explicaciones, no deja de expresar su sentido del humor. “Me he casado cinco veces; de estabilidad no puedo hablar, pero me divertí mucho”, confiesa entre risas el artista.

Con aproximadamente 200 canciones compuestas en su haber, recibió el Premio Nacional de Música 1984 y además, es miembro de la UNEAC (Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba).

Usted es músico y cantante. Ha sido soldado y actor. ¿Sirven de algo las clasificaciones a la hora de definir a una persona?

Yo creo que no. Todo tiene que ver con el resultado. Lo visible no está al alcance de la gente. Lo que pasa es que en el hecho artístico hay como un plus que le devela al resto de los humanos cómo es uno. Un cantante o un cantautor nunca va a ser otro que él mismo. Creo que los músicos somos una especie de terapeutas necesarios pero no impuestos.

¿Cómo fueron sus primeros contactos con la música en Camagüey, su ciudad natal?

Vengo de una familia  musical. No eran músicos profesionales pero tenían cierta formación. Mi mamá se defendía tocando el piano; mi papá tocaba muy bien la guitarra y tenía una lindísima voz de tenor.

En su adolescencia asistió al servicio militar obligatorio…

Sí, estuve en La Habana. En aquella época, 1969, la única manera de zafar era ser asmático, tener un problema en la columna o alguna dificultad visual. Había una serie de enfermedades que yo hubiera querido padecer para poder seguir estudiando en el conservatorio. Pero hay cosas que a uno le sirven. Aprendí a conocer más al humano.

¿Sus primeras canciones fueron en esa época?

Sí. A los siete meses me pusieron en la banda de música del regimiento. Hice una canción viejísima que no me acuerdo, que tendría que rescatar. Debe ser por algún motivo psicoanalítico que la olvido una y otra vez. No era una fea canción, se llamaba “Distancia”.

Me acuerdo que había un anfiteatro y yo tocaba un piano medio destartalado; me iba a fabricar mi mundo ahí. Casualmente en esa misma unidad militar había estado Silvio Rodriguez .

 

Video: Alejo Blasco

Ahí se empezaba a gestar lo que después fue la Nueva Trova cubana…

Claro. Nueva Trova fue el nombre que se le puso en 1972. Nosotros hacíamos canciones de amor y nada más que eso. Pero no se entendía lo que cantábamos. Éramos medio escabrosos desde la poesía; la gente pensaba que estábamos en contra de todo, pero en realidad no. Estábamos haciendo canciones como las que hacían The Beatles pero que tenían un texto mezclado con todo. Era una poesía muy hermética. Y bueno, en el mismo meollo de la cotidianidad por supuesto aparecían cosas que tenían que ver con lo que pasaba socialmente, pero no estaba directamente relacionado. Después empezaron a aparecer esas cosas.

¿Tenían una postura tomada frente a la Revolución cubana?

Habíamos nacido con eso. No teníamos una postura negativa porque no teníamos edad para decirlo. Ahora con los años uno nota cosas que sabe perfectamente que no debieron haberse hecho nunca. Pero fue interesante el proceso. Yo me siento meramente feliz de haber podido vivir eso, porque hay una cosa que contar que es muy grande.

¿Podían ser críticos hacia el régimen desde la Nueva Trova?

Sí. Hay que mirar las letras de las canciones de esa época. Son tremendas. Nosotros no estábamos de acuerdo con que en Cuba se hiciera en la década del 70’ un festival internacional donde se gastaba una cantidad de dinero que se podía aprovechar en otras cosas, porque no estábamos bien. Ahí fue que Silvio (Rodríguez) cantó “Resumen de noticias”, que termina diciendo “Hasta luego amigos y enemigos”. Más fuerte que eso…

¿Corre el riesgo de encasillarse el artista cuando defiende una determinada agrupación política?

Sí, pero eso en Cuba no se da. Eso denota, y yo creo que ese es uno de los logros más importantes de la cultura cubana a partir de la Nueva Trova, la preocupación de nuestra generación por escribir mejor, por estudiar, por leer. Nosotros siempre leímos muchísimo. Entonces eso permitió que hoy pase una tremenda mulata caminando por la vereda, que te agrede la vista, y uno deba escribirle una canción.

“Si no leo, escribo, y si no toco, camino. Algo me voy a encontrar”.

¿Cómo fue salir de la isla para venir a vivir a la Argentina?

Vine invitado por Fito Páez en 1993 y conocí a mi actual esposa, que es argentina. Al poco tiempo nos casamos y me quedé definitivamente. Yo me he casado cinco veces; de estabilidad no puedo hablar pero me divertí muchísimo (ríe). La adaptación no fue difícil. Algo tengo que aprender cada día porque si no, me aburro. Si no leo, escribo, y si no toco, camino. Algo me voy a encontrar.

El tango y la habanera parecieran ser dos cosas completamente distintas. ¿Cómo es que ha hecho un espectáculo llamado “De la Habanera al Tango”? 

Dicen los que saben que viene la habanera, la milonga y el tango, en ese orden. Pero no es un orden de calidad, es un orden lógico de nacimiento. La habanera española está escrita a 3 x 4 (canta la métrica) y la habanera cubana está a 2 x 4, como la milonga… y el tango. Ahí está la relación.

¿Cómo se relaciona la música con la política en la Argentina?

No me atrevo mucho a opinar porque vengo de otro lugar. Igual hay que tener cuidado porque en el hecho de meterse en este tipo de canción que tiene un contenido inclinado hacia un partido, se corre el riesgo de ser panfletario, y yo soy muy amante de la poesía. Hay otros que tal vez defienden eso. Uno puede admirar un cuadro y después al lado ver un afiche de muy buena calidad pero que no deja de ser un afiche. Nosotros nos ocupamos mucho de que el lenguaje no fuese así.

“No le tengo miedo a la vejez, le tengo miedo a la incoherencia”.

¿Qué metas se plantea para el futuro?

Si Dios quiere (y si no quiere me voy a tener que reunir con él) voy a hacer una banda que mezcle todos nuestros géneros musicales cubanos con el rock.

Dentro de seis meses me van a quedar más cosas pendientes que se me hayan ocurrido desde hoy hasta entonces. Porque me paso la vida así, es la única forma de no envejecer. Yo no le tengo miedo a la vejez, le tengo miedo a la incoherencia (ríe).

Hace poco se restablecieron las relaciones diplomáticas entre La Habana y Washington. ¿Cómo puede repercutir tanto en el plano social como en el musical y cultural una medida como esta?

Es un logro impresionante. Un logro de la coherencia, de un lado y del otro. Aunque todavía hay muchas reservas, mucha agresión, hubo una invasión en el medio de 72 horas, pero se consiguieron muchas cosas con mucho esfuerzo. Sigue costando.

Ahora se firmó un contrato con Sony de América Latina y el mundo va a empezar a conocer a artistas cubanos que en su momento no tuvieron difusión y que se murieron. Ellos quedaron en el anonimato, como regularmente pasa.

¿Cuáles han sido sus momentos más felices?

El primero muy notable para mí fue una vez que ya se había fundado la Nueva Trova. Éramos y somos un grupo muy selecto. Fuimos muy severos, en el mejor sentido de la palabra. En aquella época hacíamos los conciertos entre todos porque no había tanto repertorio. Silvio Rodríguez todavía no tenía mil y pico de canciones. El momento puntual entonces fue durante un festival en Baradero. Se armaban brigadas, que eran tres o cuatro artistas que se juntaban y conformaban un espectáculo. Aquella vez compartí brigada con Silvio y durante 10 noches seguidas realizamos un show juntos. Era un constante reciclaje para estar al mismo nivel que él, que ya era una figura muy reconocida. Era un desafío terrible.

“Y ahí yo solito en alma con mi guitarra ante 60.000 personas”, recuerda De la Torre.

Créditos: Alejo Blasco

*Esta entrevista obtuvo el Primer premio en el concurso FADECCOS (Federación Argentina de Carreras de Comunicación Social), en la categoría Comunicación Interactiva, en 2016.

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